Cuando en agave alcanza su madurez después de años de crecimiento. Una vez cosechado, las piñas se colocan en hornos cónicos de piedra excavados en la tierra, una técnica ancestral que permite una cocción lenta durante varios días. El calor transforma los azúcares naturales del agave y desarrolla los aromas que darán personalidad al destilado.
Tras la cocción, el agave se muele para extraer sus jugos y fibras, que posteriormente pasan a tinas de fermentación. Allí, las levaduras naturales convierten los azúcares en alcohol, dando origen a una mezcla llena de matices y carácter.
El siguiente paso es la destilación, donde el líquido fermentado se somete al fuego en alambiques para separar y concentrar sus mejores cualidades. Este proceso requiere experiencia y precisión para conservar la esencia del agave. Finalmente, el destilado se embotella, llevando consigo el resultado de un proceso artesanal donde cada etapa aporta autenticidad, tradición y el sabor único de su origen.

